martes, 27 de noviembre de 2012

al circo por la puerta que da a la luna

MEMORIAS DEL CIRCO
        A Carlos González Peña
Los circos trashumantes,
de lamido perrillo enciclopédico
y desacreditados elefantes,
me enseñaron la cómica friolera
y las magnas tragedias hilarantes.
El aeronauta previo,
colgado de los dedos de los pies,
era un bravo cosmógrafo al revés
que, si subía hasta asomarse al polo
norte, o al polo sur, también tenía
cuestiones personales con Eolo.
Irrumpía el payaso
como una estridencia
ambigua, y era a un tiempo
manicomio, niñez, golpe contuso,
pesadilla y licencia.
Amábanlo los niños
porque salía de una bodega mágica
de azúcares. Su faz sólo era trágica
por dos lágrimas sendas de carmín.
Su polvosa apariencia toleraba
tenerlo por muy limpio o por muy sucio,
y un cónico bonete era la gloria
inestable y procaz de su occipucio.
El payaso tocaba a la amazona
y la hallaba de almendra,
a juzgar por la mímica fehaciente
de toda su persona
cuando llevaba el dedo temerario
hasta la lengua cínica y glotona.
Un día en que el payaso dio a probar
su rastro de amazona al ejemplar
señor Gobernador de aquel Estado,
comprendí lo que es
poder Ejecutivo arrullado.
¡Oh remoto payaso: en el umbral
de mi infancia derecha
y de mis virtudes recién nacidas
yo no puedo tener la sospecha
de amazonas y almendras prohibidas!
Estas almendras raudas
hechas de terciopelos y de trinos
que no nos dejan ni tocar sus caudas...
Los adioses baldíos
y las augustas Evas redivivas
que niegan la migaja, pero inculcan
en nuestra sangre briosa una patética
mendicidad de almendras fugitivas...
Había una menuda cuadrumana
de enagüilla de céfiro
que, cabalgando por el redondel
con azoros de humana,
vencía los obstáculos de inquina
y los aviesos aros de papel.
Y cuando a la erudita
cavilación de Darwin
se le montaba la enagüilla obscena
la avisada monita
se quedaba serena.
Como ante un espejismo,
despreocupada lastimosamente
de su desmantelado transformismo.
La niña Bell cantaba:
"Soy la paloma errante";
y de botellas y de cascabeles
surtía un abundante
surtidor de sonidos
acuáticos, para la sed acuática
de papás aburridos,
nodriza inverecunda
y prole gemebunda.
¡Oh memoria del circo! Tú te vas
adelgazando en el frecuente síncope
del latón sin compás;
en la apesadumbrada
somnolencia del gas;
en el talento necio
del domador aquel que molestaba
a los leones hartos, y en el viudo
oscilar del trapecio...

http://www.los-poetas.com/i/tres.htm#MEMORIAS DEL CIRCO

viernes, 2 de septiembre de 2011

EL HOGAR DE LOS NOMADAS en el corazon de un niño

Verano, en la Aldea, aquí aún existen aldeas, un circo.
Al orilla del Mar, son las dunas las que delimitan los incansables territorios.
Con el Océano de fondo, y un cielo que plagia todas las fiestas y todos los dramas,
fondean caravanas fatigadas, usadas por las rutas y sus voces,
con los aplausos como pájaros blancos revoloteando en los ojos de los rapaces niños,
únicos testigos de las horas risueñas que inapreciables para los adultos
trenzan promesas en las palmas de sus manos. Una bandada de aplausos, de risas, de oooooossss!!
ocupan la tarde de luz viva, la melodía de la luz corrobora la emancipación de los vuelos.
¡¡¡TARDE DE CIRCO EN LA ALDEA!!!
foto de K.
El Circo siempre fue el hogar nómada que soñó mi corazón. Era el circo el que haría posible la deseada fuga de casa. El Circo, ñas mas tarde, cumplió con creces la inocente necesidad de buscar un lugar en el cual, como en un aleph, estuvieran todos los lugares habitables y que todo ser humano leva dentro como un proyecto, cuya realización otorga la humilde realidad de ser uno mismo.
foto de K.

foto de k.


foto de Gvich


foto de Gvich

foto de Gvich

foto de Gvich

foto de Gvich

foto de Gvich

foto de Gvich

foto de Gvich

foto de Gvich

foto de Gvich

foto de Gvich